Condenada a ser carne de cañón – Capítulo 10

Un regalo enraizado

Bai Xiangxiu sólo se desmayó un momento, pero cuando recuperó la consciencia Long ya estaba sobre ella observándola de cerca. Percibía el olor del hombre y su corazón prácticamente se detuvo; estaba tan asustada que moverse no era una opción, mucho menos abrir los ojos. Pero ¿por qué el protagonista se estaba saltando el guión!

En la historia original, Long no visitó a ninguna de sus concubinas antes de conocer a la protagonista, «¿por qué, entonces, estaba allí?» Por suerte, no tardó en retirarse y abandonar la estancia, justo en ese momento, suspiró aliviada y tomó una bocanada de aire. «¡Al fín! Estaba aterrada. No estaría drogado o algo, ¿no?».

Se limpió el sudor de la frente; «como creía, el protagonista era aterrador». Esta situación solo reafirmó su determinación en conseguir el apoyo del personaje secundario. Pero estos últimos días le había estado exigiendo demasiado a su cuerpo. «¿Será anemia, o hipoglucemia? Hoy me desmayé un par de veces» Mientras reflexionaba, Xiaoshi regresó acompañada por el médico.

La joven sirvienta dejó salir un suspiro de alivio al percatarse de que el príncipe ya no estaba en la habitación. Pero se regañó a sí misma por ello, debería estar decepcionada de que se hubiese ido, al fin y al cabo, su señora era su concubina era un honor que le prestara atención. Sin embargo, no podía evitar sentirse ansiosa al mirar a su frágil señora; el príncipe era un militar imponente y poderoso. «¿Qué pasa si el ama no es capaz de tomar su…?». Se sonrojó ante sus propios pensamientos.

En los siguientes días, Bai Xiangxiu empezó a tomar su medicación, pero no volvió siquiera a atisbar la sombra del protagonista. Creía que sólo se presentó siguiendo las instrucciones de la señora. «¿Pero entonces, por qué no visitó ningún otro jardín? ¿Será que vino por lo asustada que estaba?»

Uno nunca debe tratar de adivinar en qué piensa el protagonista de la historia; no importa cuántas vueltas le dé, la respuesta correcta jamás saldría a la luz. De todos modos, sería su condena acercarse demasiado a ese hombre. Al parecer sus poemas no sedujeron a Song Jiaoyue. «Parece que al final la fama sí que importa» Suspiró, y siguió pensando en otros métodos para atraer su atención.

«¡Lo tengo! Pronto será el cumpleaños de la señora, él asistía pero no la protagonista porque estaba enferma. Pero mandaba un cuadro que captaba la atención tanto de Long como de Song. Es la oportunidad perfecta, debo impedir que se me escape o ya será muy difícil conquistar su corazón».

En cuanto se recuperó, se centró en encontrar el mejor regalo que ofrecer a la señora. Por razones obvias, no podía ser un cuadro; y ella sólo era especialista en plantas, así que pensó mucho en sus posibilidades antes de dirigirse a Xiaoshi.

—¿Dónde puedo encontrar raíces de árbol?

—¿Eh? ¿Raíces? Pero, señorita Xiu, ¿para qué quiere eso?— Tenía la sensación de que su ama no hacía más que enrarecerse a cada día que pasaba. Parecía que el trauma de aquel día todavía no había curado del todo.

—Es un se, cre, to—dijo esbozando una sonrisa llena de misterio.

—Creo que solo en la cocina podría estar lo que necesita—contestó, perpleja. En la cocina se usaban las raíces para avivar las llamas, así que era bastante probable encontrarlas allí.

—Vamos a ver si realmente encuentro lo que necesito—. Dejó su taza y salió a dar un paseo. Desde la transmigración había preferido quedarse encerrada en su diminuto jardín, y rara vez se aventuraba a salir. Pero en cuanto puso un pie en el exterior, fue el centro de todas las miradas.

Bai era una mujer moderna y eso se reflejaba en su aspecto. Había combinado ingeniosamente la modernidad con el estilo antiguo, tanto en la ropa como en el maquillaje y los complementos; creando su propio estilo que la favorecía sobremanera. Recorrió el camino hasta la cocina tarareando alegres melodías, y cuando llegó, los sirvientes a cargo la miraron boquiabiertos. ¿Cómo podía la encantadora y hermosa señorita Xiu acercarse a un lugar tan sucio?

Xiaoshi vio que su ama estaba a punto de perder la compostura de nuevo, así que se apresuró a detenerla antes de que entrase corriendo a la cocina.

—Señorita Xiu, alguien podría chocarse con usted si entra así. ¿Por qué no descansa en el pabellón? Su humilde sirvienta encontrará a alguien que se ocupe de ese asunto.

«¡Qué problemático!» Xiaoshi la obligó a quedarse en el pabellón.

—Señorita Xiu—una anciana se acercó y le habló con una sonrisa en los labios—. ¿Necesita que hagamos algo por usted?— El príncipe no tenía tantas concubinas, pero todas se habían mudado hacía poco. Por ello los sirvientes eran muy cautos al tratar con ellas; no habían tenido tiempo para estudiar y asimilar sus gustos y personalidades.

—Sí, así es—respondió con una radiante sonrisa ante la amabilidad de la abuelita—. Necesito raíces de árboles. Cuanto más extraña la forma, mejor. ¿Podría buscar alguna?— La vieja sirvienta se quedó sin habla ante tal petición, pero se recuperó rápidamente.

—Claro señorita, pero la habitación de la leña está muy sucia y desordenada. ¿No sería mejor que envíe a alguien a traerle un par de raíces para que pueda elegir?

—Nadie sabrá qué tipo de raíz necesito exactamente, así que lo mejor será que entre yo misma. Solo necesito que alguien me muestre el camino—Bai era bastante amable, y al sonreír su belleza parecía multiplicarse.
—En tal caso, sígame, por favor. Le mostraré el camino—. La chica le causó una buena impresión; así que a pesar de su extraña petición decidió ayudarla—. Por aquí, señorita Xiu.

Después de hurgar un buen rato entre las raíces de la habitación, Bai encontró lo que buscaba. Pidió a los criados que le llevasen las raíces al Jardín Invernal y antes de partir satisfecha, les pidió a los cocineros algunos de sus platos favoritos. Quedaron un tanto impactados ¿cómo podía ser que una encantadora, bella y mimada señorita desease comer platos populares?, pero no eran más que sirvientes así que simplemente aceptaron su deseo.

En su camino hacia el Jardín Invernal, los sirvientes se toparon con el príncipe quien, al ver el tocón que portaban, no pudo evitar preguntar:

—¿Por qué estáis llevando esa cosa?

—En respuesta a su alteza: la señorita Xiu, en persona, ordenó que lo llevaramos al Jardín Invernal, pero no tenemos ni la más mínima idea del uso que espera darle—respondieron arrodillados con la cabeza inclinada.

De nuevo quedó desconcertado. Una mujer tan frágil que se desmayaba solo por salir de casa, ¿qué pensaba hacer con esa enorme cosa?. Le pareció extraño, pero no los detuvo «seguid vuestro camino, entonces» y se fue. Debía encontrar un regalo adecuado para su madre, y ese tocón le recordó vagamente a una mesa. A su madre le encantaba tomar el té, así que un juego de té podría ser un acierto.

La zona del Jardín Invernal que antes estaba repleta de papeles y tinta, fue invadida por viruta de madera. La misma Xiaoshi presenció como su ama reunía varios instrumentos de carpintería para poder tallar, nivelar, lijar y perforar el tocón. ¡Estaba preocupadísima! Temía que pudiera lesionarse con alguna de esas pesadas herramientas, sin embargo trabajaba de forma diestra y experimentada, así que resultó inesperadamente, ilesa.

—¡Ah, eso! Eso se llama talla de madera—Bai Xiangxiu seguía hablando consigo misma mientras trabajaba.

—Señorita Xiu, ¿Con quién habla?—preguntó Xiaoxi desconfiada.

—Con nadie, conmigo misma—. En realidad estaba conversando con Huo’er, el cactus. Parecía tener miles de dudas, y no dejaba de preguntarle cosas durante todo el día. Por norma evitaba responderle, verla conversar sola podría hacer que la tacharan de demente. Sin embargo, esta vez no se había dado cuenta de la presencia de Xiaoshi, quien había vuelto con el té antes de lo esperado y lo escuchó todo.

—¿Qué es la talla de madera?—preguntó, todavía recelosa. Para sorpresa de Xiangxiu, el cactus preguntó lo mismo.

—Ambos lo veréis en cuanto termine—sonrió Bai.

—¡Oh!— Xiaoshi asintió con la cabeza. «Espera, ¿qué quería decir con «ambos»? ¿Quién era la otra persona? ¿Podría ser el príncipe?» Parecía que  su ama seguía pensando demasiado en el príncipe y Xiaoshi no pudo evitar sentir lástima por ella.

—¿Cuántos días quedan hasta el cumpleaños de la Señora?— Estaba tardando más de lo esperado, y podría ser que no lo lograse a tiempo.

—Todavía quedan tres días.

—Bien, tiempo de sobra—. A pesar de que tallar madera era lento, se ahorró bastante trabajo al elegir el tocón con la forma más parecida al diseño que imaginó. No debería tardar demasiado en pulir su creación y darle el toque final. Sólo le faltaban un par de capas de laca y ya estaría listo.

*Créditos*

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