Doctora Elise — Capítulo 6

Dudas y apoyo

Ren se quedó mirando a Elise y ella no abrió la boca. Y en ese incómodo silencio terminó la cena familiar.

—Disculpadme, tengo algo en lo que pensar, así que me retiraré primero.

Elise regresó a su habitación pensativa, y la sala se sumió de nuevo en el silencio. Cris le frunció el ceño a Ren.

—Hermano, hace tiempo que no pasas por casa, ¿por qué tratas así a Elise?

—Sólo dije lo que pensaba.

—¡No sabes lo dulce y buena que se ha vuelto!

—¿Buena? ¿Seguimos hablando de Elise?

Ren se rió por lo bajo y Cris le respondió furioso.

—¡Ni siquiera estabas aquí, no sabes lo mucho que ha cambiado! ¡Estos días Elise…!

—He visto suficiente en los últimos 15 años. ¿Se ha vuelto dulce y buena, ahora? Antes me creería si dijeras que el sol salió por el oeste.

—¡Hermano!

Cris estaba a punto de gritarle, pero Ren negó con la cabeza.

—Deja la charla inútil. Debo volver al cuartel.

Cris suspiró. Su tozudo hermano jamás le creería a no ser que viera por sí mismo el cambio en Elise. «Tal vez lo creería, pero siempre duda y sospecha de todo lo nuevo».

—Siempre estás ocupado estos días, ¿cuándo vas a volver a casa?

—No lo sé. Será difícil volver por ahora.

—Tu escuadrón no participa en la expedición a Krim, ¿verdad?

Ren afirmó.

—La segunda caballería participará, pero si la República Francona se une a la guerra, entonces los caballeros imperiales probablemente seremos movilizados.

—Entonces, no es imposible.

—No, de hecho la República tampoco dejará escapar fácilmente la oportunidad de controlar el Mar Negro.

El clima todavía estaba frío, y Ren se puso un abrigo antes de salir.

—Cris, se bueno.

—¿Qué?

—Ocúpate de todo, cuida a mamá y papá. Y no empañes su nombre en la administración.

Cris le puso mala cara.

—Deja de molestar. Tú eres el que debe tener cuidado, las balas no tienen ojos.

Ren se rió.

—Muy bien, nos veremos de nuevo.

❀ ◦ ❀ ◦ ❀

Elise estaba tumbada en su cama, sumida en sus pensamientos.

«¿Qué puedo hacer? Quedan menos de dos meses para el baile en honor al cumpleaños del príncipe». Se acordó de sus interacciones pasadas con él, su matrimonio fue un fracaso. Si sólo no se hubieran casado, su primera vida no habría terminado de ese modo.

«Por él, debo detener este compromiso». Pero había un problema, ese compromiso se realizó a causa de su insistencia. Hace un año, cuando tenía 15, se enamoró del príncipe, fue tan intenso el sentimiento, que con su personalidad de tener que conseguir todo lo que quería, fue a suplicarle a su padre. «El problema es que funcionó».

Ciertamente su padre, el marqués de Clorance era el canciller del emperador y su mejor amigo. Por descontado éste aceptó, encantado de tener a su más leal súbdito como parte de la familia imperial, y así fue como la tragedia comenzó.

«Haa, no puedo cambiar nada ahora, sólo porque cambié de parecer. Es un compromiso con el príncipe heredero, y si se anuncia podría afectar a la reputación del Emperador si lo anulo. ¿Qué voy a hacer?». Pero sin importar cuánto lo pensara, no se le ocurriría una solución. ¿Cómo podría ella cambiar la decisión del Emperador?

Mientras le seguía dando vueltas, su sirvienta Mary entró. 

—El té señorita.

Mary depositó una bandeja con un fragante té.

—Muchísimas gracias, Mary.

Pero Mary no se fue, dudaba en salir de la habitación.

—¿Hmm? ¿Qué ocurre, Mary?

—Esto, señorita.

—¿Sí?

Mary por fin se decidió a hablar, tras una breve pausa.

—Mire no sé cuál será el problema… pero no se preocupe demasiado. Estoy segura de que todo saldrá bien.

La joven mucama se quedó callada, con la cara completamente roja mirando al suelo.

—No se veía bien desde esta mañana. Lo siento si me he excedido en mis deberes.

Elise, se la había quedado mirando pálida, pero sonrió con cariño ante sus palabras.

—Mary, ¿puedes acercarte un momento?

Cuando la tuvo al lado, le palmeó la cabeza con cariño, estaba orgullosa de ella.

—Muchas gracias. Nuestra Mary ya es toda una mujer ahora.

«Nuestra Mary». Su corazón se aceleró, nunca había escuchado esas palabras en esa residencia. La nueva versión de la señorita era tan diferente. Sólo tenía 16 años, pero su actitud era la de una persona mucho mayor. «Espero y deseo que no cambie».

*Créditos*

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